Author Archives: Maca

El Parto de Begoña

Recibí este testimonio de una madre que quiere compartir su experiencia para las que vienen.

¡Que lo disfruten!

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Testimonio de mi parto:

Me he demorado más de cuatro meses en empezar a narrar lo que fue mi parto. No pude hacerlo antes porque me ha costado digerirlo, entenderlo y porque he estado enfocada en disfrutar y readaptarme a esta nueva vida. Espero que, como ha pasado el tiempo, no se me vayan detalles de cómo fue todo, aunque sé que por más que me esfuerce, lo que escriba sólo va a ser un esbozo, un intento de poner en palabras lo más potente y transformador que he vivido.

Entonces voy a escribir este testimonio pensando en todas esas mamás que están prontas a parir y se sienten confundidas acerca de donde tener a sus hijos, porque en el fondo desconfían que una clínica u hospital, donde van los enfermos, los accidentados y la gente moribunda, sea el mejor lugar para empezar a vivir. Con mi primer hijo, que nació hace casi diez años, tuve también esa sensación, pero era más chica, me conocía menos. Estaba más desamparada en todo sentido, y aunque quería un parto natural, tenía miedo.

Creo que es difícil no sentirse así cuando se va a los controles y los doctores hablan sobre todo de los riesgos y las posibles enfermedades del feto o la madre. A pesar de que esta vez me sentía mucho más conectada conmigo y con el proceso, nos pasó que el ginecólogo dijo al tercer mes que nuestro hijo tal vez tenía síndrome de down. Esto fue, a pesar de que todos los exámenes y mediciones anteriores habían salido normales, sólo porque en la ecografía le salían los dedos del pie separados. Nos dijo también que era imposible saber hasta el parto si el niño venía o no con este síndrome, que muchos no se descubrían hasta el momento del nacimiento y que nos lo contaba porque consideraba que éramos personas inteligentes, que sabríamos manejar esa información sin angustia. Pero sí nos angustiamos. No porque tener un hijo down sea una tragedia, sino porque es sin duda algo muy desafiante, sobre todo para personas como nosotros que tenemos trabajos cambiantes, como toda la gente que se dedica a cosas creativas en este país, y porque queremos tener una vida más bien nómade. Gracias a que no le creímos a este doctor, pudimos desmentirlo a los pocos días, con otra ecografía. Pero no niego que fue muy estresante para nosotros tratar de imaginarnos la vida en un escenario tan distinto. Cuando se lo conté a mis amigas madres, muchas me contaron que en sus embarazos también les hablaron de problemas y enfermedades imaginarias, que no tenían, pero que las hicieron gastar plata en exámenes innecesarios y llenarse de inseguridad.

Cuento esto para ejemplificar cómo las embarazadas están sometidas constantemente a preocupaciones y momentos de estrés, debido a que se asume que las mujeres no nos conocemos ni sabemos escuchar nuestro cuerpo ni a las generaciones anteriores que han pasado por lo mismo que nosotras. Por eso todo hay que corroborarlo con procedimientos médicos. Sin desmerecer que estos procedimientos a veces detectan enfermedades y permiten prevenir otras, en mi caso lograron que nuevamente tuviera miedo, aprensión respecto a lo que se venía. Así fue como pasaron los meses y yo no sabía bien qué hacer, cómo enfrentar el parto. Sólo tenía claro que probablemente sería mi último hijo y quería esta vez que alumbrarlo fuera menos traumático.

Cuando ya tenía más de seis meses de embarazo fui a un temazcal con la intención aclararme y encontrar una respuesta. Fue ahí que escuché a uno de los temazcaleros decir que si a uno no le hace sentido como funcionan las cosas de manera convencional, hay que atreverse a poner nuevas reglas, a pensar de otra manera el cuerpo, la vida. Nos han dicho que muchas cosas no se pueden, que son imposibles y peligrosas. Pero para ser libres hay que atreverse a soñarlas, a desearlas, a pedirlas y hacerlas. Esto me resonó profundamente y me abrió la cabeza. Entendí también que para tomar ese camino necesitaba una guía.

Como siempre que pido algo con fe en esa especie de nave mágica que son los temazcales, me encontré muy pronto con la persona indicada. O tal vez es más correcto decir que la encontró mi pareja, que tenía ganas de hacer algún curso de parto y en internet encontró el taller que imparte Maca Mardones en su bella casa en la comunidad ecológica.

Confieso que al principio no me di cuenta de que había encontrado lo que buscaba, ni meentusiasmó mucho la idea de ir. Pensé que era otra instancia donde harían que nos abrazáramos grupalmente, simuláramos amamantar muñecas y contáramos nuestras intimidades con un grupo de desconocidos a los que no volveríamos a ver. Mis prejuicios se basaban en hechos; con el papá de mi primer hijo fuimos también a un taller y fue más o menos así. Además, al final, y a pesar de toda la buena onda y generosidad que tuvo la matrona, mi hijo terminó naciendo por fórceps, después de estar toda la noche en trabajo de parto. Porque por más que en la clínica a la que fui tuvieran la sala especial de pre parto, donde pude caminar, poner mi música, ir con mi profesora de yoga, etcétera, mi matrona no estaba alineada con el neonatólogo. El simplemente quería terminar su turno, y a veces los partos, sobre todo los primeros, se demoran. Cuando pienso en ese día, más allá de lo lindo que fue recibir a mi primer hijo justo cuando amanecía, recuerdo la sensación de que mi guagua nació en medio de la tensión entre mi matrona y el doctor. Tampoco se me olvida que entró a la sala un curioso grupo de estudiantes en práctica que tomaban nota mientras yo gritaba de dolor. Ahora entiendo que por más que mi matrona fue infinitamente generosa y protectora conmigo, y que intentó defender mi intimidad, el escenario y las condiciones de mi parto eran complicadas. Así era casi imposible que yo pudiera parir de manera armónica.

Confieso también que me costó ir a un nuevo taller porque no me gustaba tampoco la idea de movilizar mi humanidad súper embarazada un sábado en la mañana, después de estar toda la semana levantándome temprano. Finalmente, al ver a mi pareja ilusionado por aprender sobre la etapa que se nos venía, me entraron las ganas ir.

Después de presentarnos y contar por qué estábamos ahí, la Maca tomó la palabra y fue al meollo del asunto: el parto es un proceso fisiológico involuntario, así es que ¡Sorpresa! ¡No hay que prepararse! No tengo que ser una bailarina ultra conectada con su cuerpo. No hay que ir a yoga, aprender meditaciones, caminar, comer papayas. En realidad, no HAY que HACER cosas, solo hay que dejar que suceda, de la manera más animalesca posible, entregarse a ese misterio que hace que nuestra especie se reproduzca y muera.

Ahora bien, que sea natural no significa que sea de cualquier manera. Todas las mamíferas se retiran, hacen una pausa en sus vidas para dar a luz. Porque un parto requiere de una solemnidad sagrada; debe ser silencioso, poco iluminado, en un espacio donde una pueda irse para dentro sin que nadie te esté mirado o preguntando cosas. Así es como los mecanismos perfectos de la fisiología se desencadenan. Solo hay que permitirse sentir. Pero de verdad sentir.

Dejar de juzgar lo que nos pasa y escuchar las señales del cuerpo, que vaya que se hacen presentes cuando se está en estado de “gracia”. Fue así como me di cuenta, a mis 31 años, de lo acostumbrada que estaba en postergar lo que deseo por ser condescendiente. Asumir que muchas veces hacer lo que a una de verdad le da la gana implica ir en contra de la corriente y recibir los comentarios de tantas personas sin que nadie les consulte: porque hay mucho miedo y mucha ignorancia respecto a nuestro poder de engendrar vida y de seguir nuestros instintos. Entonces para superar esos miedos, la Maca explica las cosas en forma concreta, científica, es decir, qué pasa con el cuerpo cuando se está dando a luz a nueva vida y cómo eso que parece tan complicado es en realidad mucho más sencillo de lo que lo pintan. Es increíblemente reconfortante que te digan cosas tan simples como: “te ves sana”, “todo va a salir bien”, “sólo tú sabes cómo quieres parir y qué necesita tu hijo”. Fue así como a partir del día del taller me cambió totalmente la experiencia del embarazo. Después de mucho tiempo sentí esa energía potente que tienen las embarazadas, de estar viviendo un proceso tan distinto a todo y tan real. Entendí que en vez de seguir yendo a tantos controles y monitoreos, una vez que estaba segura de que mi guagua estaba sana, tenía que dedicarme a gozar y relajarme, a estar en mi casa todo el día si no me daba la gana salir.

Supe también que ese sentimiento huraño es natural al final del embarazo, cuando una solo quiere hacer su nido y encerrarse. Por supuesto nuestros familiares estaban alertas e inquietos por cuándo y cómo sería el parto, pero nosotros sentíamos una tranquilidad inusual. Esto gracias a que la Maca y la Andrea, la matrona que trabaja con ella, nos visitaron varias veces y estuvieron súper atentas a cómo me iba sintiendo al acercarse la fecha probable de nacimiento. Conversamos sobre todos los temores y aprehensiones que tenía al principio, hasta que ya no tenía ninguna duda de que quería parir en mi casa. Entonces de a poco fui desconectándome del mundo exterior para sólo esperar ese momento incierto en que el hijo o la hija deciden nacer, que no tiene que ver los tiempos de los turnos en los hospitales o los horarios de la ciudad, sino que con otro orden misterioso, relativo a los astros.

Yo lo sentí una tarde, pasada la semana cuarenta, después de estar “encuevada” varios días como me recomendó Maca. Ese mismo día, después de ver que teníamos todo lo necesario, le dije a mi pareja que se viniera del trabajo lo antes posible. Y en vez de partir al hospital nos pusimos ropa cómoda, comimos sushi, prendimos velas y brindamos con champaña por lo que se venía.

Las contracciones, tal como me explicó la Maca, no eran una tras otra sin pausa, como las que dan con oxitócica sintética o inducciones manuales, sino que se sentían como una ola, que tiene un pic, y después revienta. Por eso después de cada una viene un momento rico, como después de capear. Y al rato (no sé cuánto tiempo, una pierde la noción y eso es muy entretenido) empezaron las contracciones en serio, esas que son más como una tormenta que como una ola.

Entonces me empecé a sentir arrastrada por una fuerza desconocida y le dije a mi pareja, que hasta ese momento estuvo amorosamente al lado mío, que necesitaba estar sola. El lo entendió y sin decirme nada llamó a la Maca, que se vino al tiro a mi casa, pero no interfirió en el trance que estaba viviendo. Fue gracias a esa intimidad que pude relajarme en mi tina y luego entrar en ese estado de conciencia tan raro y potente que se necesita para abrir paso a la nueva vida.

Por lo que me enteré después, afuera hacía frío y pasaron cosas inesperadas, algunas fallas técnicas (estufa casi incendiada, corte de luz, etcétera) difíciles de resolver, pero mi pareja se tomó en serio el rol de guardián y de velar para que todo estuviera bien, no de ser un simple espectador en un territorio ajeno como un hospital, donde todos te hacen sentir que sobras.

No voy a negar que sentí dolor, y que por momentos pensé: esto es una locura ¡dónde está mi anestesia! Pero había una convicción y un deseo muy fuerte de que mi hijo naciera ahí, en mí nido, en mí territorio. Entonces la Maca se tragó mi miedo y puso toda su fuerza y su espíritu en ayudarme a concretar ese sueño. Gracias a su experiencia me condujo de manera amorosa, confiada, pero casi sin hacerse presente para que yo pudiera mantenerme en trance.

En ese estado que nunca antes había experimentado, sentí que mi cuerpo se partía en dos, que me moría, que dejaba de ser quien era. Finalmente hice erupción como los volcanes, rompí la bolsa y sentí la necesidad de pujar, de empujar, de unirme a ese flujo que era más grande que yo, mucho más grande que yo, pero me contenía y me desbordaba a la vez. Me sentí como nunca antes en mi vida llena de una fuerza indomable. Mi hijo estaba esforzándose por salir de mi cuerpo y yo poniendo todo de mi parte para tenerlo pronto en mis brazos.  Lo llamé por su nombre y le dije que estaba lista para recibirlo, que era su momento de nacer.

Invoqué también a mi abuela, que parió siete hijos y que se hizo presente, junto a todo mi linaje femenino; esas abuelas que no puedo recordar pero que todavía llevo en la sangre. Sentí que gracias al impulso que me dieron el alumbramiento estaba cerca y al fin iba a conocer a mi criatura. Con la Maca alucinamos y atravesamos juntas una oscuridad densa, un dolor profundo, muy antiguo, que hasta ese momento no había conscientizado que llevaba adentro. Habité por primera vez un lugar recóndito mío. Un lugar que sentí también de otras mujeres que habían pasado por lo mismo que yo. Sin poder controlarlo rugí, aullé, lloré y me reí hasta que el dolor se liberó, cedió y di a luz. En la intimidad de mi casa, en un silencio sagrado, a una hora en que a este lado del mundo la gente descansa o intenta descansar, parí en cuatro patas, en el suelo.

El silencio sólo se rompió cuando sentí el llanto del mi hijo. Con mi pareja nos abrazamos y lloramos también. Nos acostamos en nuestra cama, con nuestras frazadas y toallas sosteniendo al niño. Apenas distinguíamos su cara porque la luz era tenue. Fue muy lindo en un principio no verlo del todo. Descubrir primero la suavidad de su piel húmeda, sentir su llanto y sobre todo olerlo una y otra vez. Creo que no se me va a olvidar nunca su olorcito como a tierra y a agua. Un olor dulce único. El olor de mi cría.

Así estuvimos un buen rato. Yo todavía un poco en mi trance, pero sintiendo cada momento, fundida en amor a mi hijito y su padre. Ellas entraron después de un rato, de manera silenciosa, para ayudarme a alumbrar la placenta. Limpiaron la pieza, nos trajeron un tecito y a los pies de la cama esperaron pacientes esa especie de segundo parto, mucho más simple que el anterior, pero no por eso menos importante.

Después de que al fin alumbré la placenta y el cordón dejó de latir, mi pareja delicadamente lo cortó. Andrea me revisó (por primera vez) y nos confirmó que mi cuerpo estaba en perfecto estado, que no me había pasado nada, ni siquiera un desgarro. Tenía apenas unas llaguitas que cerraron a los pocos días. Cosa increíble para mi, porque todavía recuerdo el dolor de la episiotomía que me hicieron en mi primer parto, y cómo me costó recuperarme de ella.

Cuando casi ya amanecía, nos dejaron solos. Fue maravilloso dormir lo que quedaba de esa noche junto a nuestro hijo, sin que nadie controlara lo que estaba perfecto. Al día siguiente ellas vinieron de nuevo a vernos, a darnos algunos consejos útiles sobre esas semanas intensas que siguen al alumbramiento. También vino un neonatólogo a revisar al niño. A pesar de lo intenso que había sido todo, estábamos felices y llenos de energía. Sólo cuando estábamos más repuestos recibimos a nuestras familias que estaban un poco desconcertadas pero felices de que todo hubiera salido bien.

Nosotros estábamos más contentos todavía. El parto fue como una sobredosis de amor. Traer al mundo a nuestro hijo de esa manera tan simple y bella cambió definitivamente nuestra relación y también mi relación conmigo misma, con mi cuerpo. Ahora lo siento más mío. Lo entiendo mejor y lo escucho más atenta. A pesar de que dicen que esta primera etapa es esclavizante, me siento más libre que nunca respecto al mundo, a lo que me rodea, a lo que deseo. Porque le perdí el miedo a seguir mis instintos, a hacer las cosas como me las dicta mi corazón.

Parir de esta manera es estar en contacto con un misterio profundo. Entonces algo se abre en la comprensión de todas las cosas. Ahora tengo mucho menos control sobre mis días, sobre cómo pasan las cosas, pero siento más seguridad en lo que quiero. Entendí que mi vida es parte de un flujo al que hay que entregarse, que realmente somos mamíferos, y por eso somos parte de la naturaleza, que es inmensamente poderosa. Y sobre todo, que cada uno encierra adentro, muy adentro, un misterio que se revela de a poco, si se está atento. Entonces las respuestas llegan, las dudas se despejan acerca de cómo uno debe actuar para ser feliz, para sentirse cómodo, a gusto en este mundo.

En resumen, siento que haber parido en mi casa, sin anestesia, sintiendo como mi hijo se abría paso en mi carne para empezar a vivir su propia vida, fue una gran iniciación para convertirme en madre. Con esto no quiero decir que creo que sea la única manera correcta de parir. Cada mujer sabe qué es lo mejor para ella. Y estoy segura de que hay mujeres muy conectadas con sus niños y niñas a pesar de haberlos tenido por cesárea o parto programado. Pero pienso que si nacer es del todo fácil, indoloro, como si fuera un trámite, y que si otros que te medican sin preguntarte y te imponen cómo te tienes que relacionar con tus hijos, con tus procesos internos, la crianza se hace definitivamente más compleja. Porque la maternidad es salvaje en sí. Tiene otros tiempos. No se ajusta al ritmo frenético del modelo de producción, al sistema apurado y violento en el que vivimos. Estoy segura de que es gracias a que he sentido mis partos que he podido defender el tomarme el tiempo de amamantar, de ver cómo crecen y les cambia la cara a mis hijos, todos los días. Adivinar así cómo se sienten, qué les duele, cómo puedo ayudarlos y acompañarlos. Es en ese cotidiano que he podido también aprender un nuevo lenguaje, que es sólo nuestro y por eso nadie más entiende mejor que yo. Y lo más importante de todo; me he tomado el tiempo de disfrutar con ellos su infancia, porque sé que es un tiempo precioso, único, donde soy irreemplazable.

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Una mirada de la Doula…


Hoy, las madres nos estamos haciendo preguntas importantes: ¿Cuáles son las consecuencias de la manera en que nacen nuestros hijos? ¿Cómo es el entorno adecuado para parir/nacer? ¿Qué necesitamos en un momento tan sensible y crucial?

***

Cuando empecé a trabajar como Doula, eran muy pocas las Doulas en Chile.  Mi motivación vino de mis propias experiencias positivas de partos.  Sentí que todas las madres y todos los bebés merecían entornos amorosos y tranquilos en ese momento tan sagrado y glorioso. Hoy, pareciera ser que somos más de 1.000 Doulas en Chile.  La multiplicación de las Doulas aquí, no es un fenómeno aislado.  El fenómeno es mundial; la información está disponible y los tiempos nos están obligando a cuestionarnos lo que nos viene dado y a buscar maneras más sabias para vivir.

Mi mirada de la Doula se ha construido desde mi experiencia (madre de 2 y doula en más de 90 nacimientos) y en mi cercanía con el doctor Michel Odent y Liliana Lammers. Michel Odent es un doctor francés de 86 años y  la persona más citada mundialmente en el ámbito del nacimiento.  Al transformarme en su interprete, la Perspectiva Fisiológica y la Perspectiva Bacteriológica del Nacimiento resonaron en mí.  Liliana Lammers es una Doula experimentada londinense, madre de 4 y abuela, una gran maestra.

Si entendemos el parto como un proceso fisiológico involuntario, comandado por el cerebro primitivo; nos damos cuenta que es un proceso que no se puede ayudar, sólo se puede proteger (evitando que se inhiba).  La Doula, es alguien que se dedica a proteger y que ha integrado a fondo las Necesidades Básicas Fisiológicas de la Mujer en Trabajo de Parto. La madre necesita sobre todo ser protegida en contra de la adrenalina ambiente y de los posibles estímulos sobre su neocortex.  Las doulas debemos hacernos silenciosas (porque el lenguaje es un poderoso estimulante del neocortex) y conscientes de nuestros propios niveles de adrenalina (porque sabemos que la adrenalina es tremendamente contagiosa).

Los Fisiólogos Modernos nos enseñan que: una mujer en trabajo de parto necesita sentirse segura, sin sentirse observada.  La Oxitoxina es una hormona tímida.  La Doula evalúa las condiciones ambientales para el flujo de la Oxitoxina.  Nuestra labor es cuidar las condiciones para que el correcto equilibrio hormonal de la madre no sea perturbado. Dicho de manera simple, resguardamos las Necesidades Básicas Fisiológicas de la Mujer en Trabajo de Parto:

(1) Intimidad

(2) Silencio

(3) Luz tenue

(4) Calor

(5) Bajos Niveles de Adrenalina Ambiente

Una Doula experimentada aprende a quitarse de en medio, con gracia.  Aprende a no hablarle, ni distraer a la madre (durante el trabajo de parto, durante el expulsivo ni durante su primera hora con su bebé).  Es nuestro deber ético ser conscientes de que el parto no termina cuando nace el bebé; no ponernos en la mirada de la madre durante la primera hora después del parto, jamás distraerla del encuentro con los ojos de su bebé. En la primera hora de vida es cuando ocurre el pico más alto de Oxitoxina de la vida.  La Oxitoxina es la hormona del amor, la hormona del vínculo.  Además, gracias a los Bacteriólogos Modernos, hoy sabemos que es durante las primeras horas de vida es cuando se configura el Microbioma Humano y que el bebé sólo tiene anticuerpos para los microbios de la madre y los microbios amistosos a los microbios de la madre.

Veo a la Doula como una eterna aprendiz.  Cada nacimiento es único.  Cada familia tiene su idioma.  La Doula se beneficia mucho de mantener una mente de principiante, sin importar su experiencia. Es una mujer dispuesta a estar siempre aprendiendo.  Y, sobretodo, a desaprender.  Una mujer dispuesta a estar sin guiones, soltar los modelos y sobretodo, a soltar los condicionamientos culturales con los que hemos crecido.  La Doula, desde mi mirada, no viene a aportar rituales en torno al nacimiento.

Vivimos en un mundo donde la mujer que ha parido a sus hijos con sus propias hormonas es un animal en extinción. Idealmente, la Doula es una de esas mujeres que ha parido gracias a sus propias hormonas.  Su confianza nace de su experiencia personal y de las muchas veces en que ha visto la fisiología funcionar de manera simple. Es una mujer experimentada.

Las Doulas estamos ahí para darle paz a la madre.  De más está decir, que no cumplimos ninguna función médica. Trabajamos en colaboración armónica con los Profesionales de la Salud.

Las Doulas estamos llamadas a contribuir a la iniciación de una nueva conciencia sobre la importancia de la manera en que nacemos.  Nuestro foco está puesto en generar las condiciones para que las experiencias positivas de parto/nacimiento se multipliquen.    Muchos nacimientos pueden beneficiarse de ser protegidos por una Doula, una figura materna, alguien que tiene confianza en el proceso involuntario del parto.

***

Macarena Mardones

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El Auténtico Climax, Michel Odent

EL AUTÉNTICO CLIMAX

En el preciso momento en que el bebé nace, la cima de la escalera no está lejos.  De todas formas, se llega a ella un poco más tarde, cuando la madre, aún en otro planeta, empieza a descubrir a su recién nacido.  Ésta es otra razón que explica porque los estados orgásmicos/extáticos asociados al nacimiento han sido ignorados en todos los entornos culturales hasta hace muy poco.  Es fácil interrumpir bruscamente un estado orgásmico.  En cuando nace el bebé, siempre hay una necesidad irracional de actividad, ya sea necesidad de hablar o hacer algo.  Esta necesidad de actividad ha sido ritualizada en muchas sociedades, y es un hecho común a casi todas ellas negar la necesidad de “privacy” de la madre.  Muchas mujeres han confirmado la importancia de lo que sucede durante los primeros minutos.  El contexto científico actual nos permite interpretarlo.

Otra razón que impide la comprensión del clímax durante el parto  es la arraigada creencia de que es esencial, tanto para la madre como para el bebé la presencia de un ayudante especializado en el parto.  En nuestra sociedad, un parto sin asistencia especializada puede suceder ocasionalmente, de forma accidental.  La mayoría de los partos rápidos ocurren sin tal asistencia.  Quizás la comadrona no ha podido llegar a tiempo o quizás la mujer, al hospital. Puesto que tales partos son fáciles, podríamos ver en ellos la oportunidad para muchas mujeres de alcanzar un clímax real.  En muchos casos no es así, puesto que existe un condicionamiento cultural que nos hace creer que la mujer es incapaz de dar a luz por si misma.  Por ejemplo, si el marido o la pareja está presente, se encuentra normalmente en estado de pánico, pensando constantemente qué tiene que hacer, quién “traerá al bebé al mundo” o quién cortará el cordón.

Disponemos de gran cantidad de datos acumulados que confirman la profunda conmoción hormonal  que se produce durante los minutos anteriores y posteriores al parto. El equipo de Kerstin Uvnäs-Moberg ha demostrado que justo  después de dar a luz la madre puede llegar a un pico de oxitocina todavía más alto que el alcanzado durante el parto mismo.  Así pues, podemos concluir razonablemente que el pico máximo de hormona del amorque una mujer libera a lo largo de toda su vida se produce inmediatamente después del nacimiento del bebé.  Este pìco de oxitocina es vital, puesto que es necesario para corecto alumbramiento de la placenta con pérdida de sangre mínima, y también porque la oxitocina es la principal hormona del amor. Sin ninguna duda, viene asociado, además, a altos niveles de morfina y prolactina natural.  Si añadimos además que, según Regina Lederman, el nivel de “adrenalina” puede volver a la normalidad tan sólo tres minutos después del parto, podemos comprender que la madre humana vive una experiencia similar al orgasmo.

Si bien por razones evidentes la mayoría de los médicos apenas puede comprender qué es un reflejo de eyección del feto, es habitual que hayan oído hablar del reflejo de Ferguson, descrito por primera vez en el año 1941.  Ferguson descubrió , trabajando con conejos anestesiados, que la dilatación vaginal provocaba contracciones uterinas. El reflejo de Ferguson es distinto del reflejo de eyección del feto porque no tiene en cuenta la vital importancia de los factores ambientales en el proceso del nacimiento. Únicamente se fija en los efectos de la estimulación vaginal local en mamíferos no humanos.

Combinando datos científicos recientes y anécdotas sobre nacimientos en condiciones de privacidad y seguridad excepcionales, llegamos a la conclusión de que el mamífero humano ha sido programado para dar a luz en un estado orgásmico/extático, teniendo siempre en cuenta que la liberación de oxitocina –la “hormona tímida”- depende en gran medida de factores ambientales externos.  El término “hormona tímida” es un ejemplo significativo de la terminología creada por la doula londinense Liliana Lammers.  En el caso concreto de los los minutos que siguen al nacimiento, la “hormona tímida” puede aparecer a condición de que el entorno sea suficientemente cálido y a condición de que la madre no se distraiga a la madre en el momento de descubrir a su recién nacido mediante el contacto piel con piel, el cruce de miradas y también el sentido del olfato.

Nos permitimos aventurar que, en la práctica, el auténtico arte de la comadrona es, en realidad, el arte de crear las condiciones óptimas para que se produzca el reflejo de eyección del feto.

**Extracto del libro  “Las Funciones de los Orgasmos”, Michel Odent

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La Doula Auténtica, por Michel Odent y Liliana Lammers

LA DOULA AUTÉNTICA

“Hoy, en un momento en que disponemos de dos maneras de comprender el proceso del nacimiento, no es sorprendente que existan dos tipos de doulas (y dos tipos de parteras, matronas, etc.)

Un grupo es representativo del paradigma cultural dominante, que es la repercusión de miles de años de interferencias a través de creencias y rituales. Este enraizado condicionamiento cultural se basa en la idea de que una mujer no tiene el poder de parir por sí misma.  En este paradigma las palabras clave son: “ayudar-apoyar-coach-guiar-manejar”.  Dentro del marco de referencia de este paradigma dominante, las doulas necesitan una “formación”, un “entrenamiento”.  Este paradigma –obviamente-  ha llegado a sus límites,  ya que, en cuanto a lo concierne a la historia del nacimiento, estamos al fondo del abismo.

El otro grupo se caracteriza por una comprensión del proceso del nacimiento inspirada en la fisiología moderna.  El proceso del parto es considerado un proceso involuntario, bajo el control de las estructuras arcaicas del cerebro.  En general, uno no puede ayudar un proceso involuntario  Sin embargo, un proceso involuntario puede ser perturbado por situaciones inhibitorias fácilmente identificables gracias a conceptos fisiológicos bien establecidos; como por ejemplo, el concepto de antagonismo entre la oxitocina y la adrenalina y el concepto de inhibición neocortical.  Dentro de este paradigma emergente, la palabra clave es “protección” (protección de un proceso involuntario en contra los factores que lo puedan inhibir): el proceso del parto tiene que ser protegido, en particular, en contra de los efectos del lenguaje, de la luz y de situaciones que estimulan la atención tales como sentirse observada o sentirse insegura.

La perspectiva fisiológica nos ofrece, de pronto,  la oportunidad para reconsiderar las bases de nuestros condicionamientos culturales. Y permite interpretar el “fenómeno doula”.  Idealmente, el “fenómeno doula” será una fase transitoria de la historia, abriendo el camino hacia el descubrimiento de la partería auténtica.  Sólo necesitamos recordar que la madre es el prototipo de la persona protectora.  Originalmente, la partera era la madre u otra mujer en el rol de madre.

No hay cambio de paradigma sin un cambio en el lenguaje.  Hoy día conviene evitar ciertas palabras.  Por ejemplo, la palabra “formación” en español, “training” en inglés sugieren que lo que la doula hace es más importante que: ¿Quién es la doula? ¿Cuáles son los rasgos de su personalidad? De todas formas, las doulas modernas necesitan un mínimo de información. Ésta es la razón de ser de las “Sesiones Informativas para Doulas Paramanadoula” (ver: www.paramanadoula.com).  Estas sesiones de 3 días son facilitadas por Liliana Lammers y Michel Odent.  Liliana ha dado a luz a cuatro hijos y tiene 4 nietos.  Ella tiene 15 años de experiencia como doula.  Michel es considerado un pionero en el ámbito del nacimiento /ver: http://en.wikipedia.org/Michel_Odent). Él es el autor de los primeros artículos sobre el inicio de la lactancia durante la primera hora de vida.

Si usted se siente cómoda dentro de este nuevo paradigma, contacte doula.authentic@gmail.com (o en Chile a info@naceralavida.cl).

Explique en dos o tres líneas, porqué usted está de acuerdo con el concepto de  “doula auténtica” (incluso si usted no tiene experiencia como partera o doula).


Primer Testimonio :

Queridos Amigos,

Felicitaciones por esta nueva página web.

Yo me siento en sintonía con el concepto de doula auténtica. Parí sola, sin guía, bajo la protección de mamíferos no humanos.

María

mary@nazareth.com”

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2 bebés inteligentes

Camilo y Carla, esperaban su segunda hija juntos. Camilo ya tenía otras niñas de su primer matrimonio. Me llamó Camilo un sábado en la mañana para contarme que la Carla estaba con contracciones, pero todavía suaves. Le dije que me llamara cuando ella quisiera que la fuera a acompañar.  Al rato, me vuelve a llamar Camilo.  Le pregunto ¿Rock&Roll? Y me dice “Si, vente”.  Sentí una energía muy rica a través del teléfono.  En el camino, pensé que mejor era llamar a las matronas, porque tenía la intuición de que el parto vendría rápido.  Así lo hice.

Llegué a la casa de Camilo y la Carlita, era mediodía pero estaba oscurita, las ventanas tapadas con telas y todas las estufas prendidas. Carlita estaba saliendo de la tina.  No dijimos nada. Instalé una tela de una viga para que se colgara -si quería- y me acosté en la cama a tejer.  No sé cuanto tiempo habrá pasado, ¿10.. 15 minutos? Cuando ella  dice “Viene, viene…”, me incorporo y veo como corona la bebé y va directo a los brazos de su mamá. Todo el resto de la historia es feliz.

Las matronas llegaron un rato después y corroboraron que madre e hija estaban en muy buen estado..  Nadie se imaginó que el parto ocurriría tan rápido.

:::

Antonia y Cristián esperaban a su primera hija. Conversamos mucho en las visitas previas.  Me sentía muy cómoda con ellos.

Me llama la Anto a las 5 am y me dice que está de parto y que Cristián duerme.  Me dice que no lo quiere despertar y me pide que la pinche al celular cuando llegue para que me abra la puerta.  Cuando llego a las 7 am, Cristián ya estaba despierto. Me abre sonriente y me pregunta cómo puede ayudar.  Le pregunto qué hace él normalmente a esa hora. “Salir a trotar, sacar la basura, prepararle un rico jugo a la Anto, etc”. Le propongo que haga todo normalmente como si nada pasara.  Y así lo hace. Por mientras, Antonia sigue a su cuerpo, se mueve suave e instintivamente en una posición como de cuatro patas con variaciones que va improvisando.  Yo me limito a estar, en silencio. Después del rico jugo, Cristián se mete a la ducha.  El ruido del agua corriendo… y plaf se rompe la bolsa de agua.  El proceso toma otro ritmo.  Le digo a Cristián desde la puerta del baño que mejor nos vamos a la maternidad. “¿Tan pronto?”, me pregunta.  “Si”, le digo.

Ya en la maternidad, la matrona le hace un tacto.  Dice que “tiene 8 cms y la bebé está alta todavía” y sale de la sala.  En el mismo instante en que ella cierra la puerta, Cristián se da vuelta a poner música y la bebé nace con el brazo izquierdo en alto. Le digo a Cristián -casi susurrando- que nació su hija y que, por favor, se asome y avise, para que venga su doctor.

Todo lo que siguió (placenta, lactancia, recuperación, etc) fue fácil, fisiológico y exitoso.

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Una Visión de Unidad

UNA VISIÓN DE UNIDAD

Por Jeannine Parvati Baker

Como muchos de nosotros, he estado rezando con mis oídos, escuchando a las parteras alrededor del mundo.

¿Cómo podemos manifestar una visión de unidad al servicio de las familias?

Meditando sobre las divisiones que existen entre las personas que asisten nacimientos, una visión vino a mí.

Vi un círculo en que las tribus llamadas a sanar la Tierra, sanando el nacimiento se sentaban juntas.

Era una rueda de medicina, con todos los estilos de partería y obstetricia presentes.

Al otro lado de la rueda, en frente mío estaba un doctor.

A cada uno de mis lados habían matronas y enfermeras obstétricas, sentadas una frente a la otra.

Nosotros definíamos los puntos cardinales de la rueda, pero no éramos el círculo completo.

Desde donde yo estaba sentada, podía ver directamente lo que estaba detrás del doctor y                                         viceversa.

A cada lado, tenía un ángulo oblicuo para ver a mis hermanas matronas y enfermeras obstétricas.

Entonces, me di cuenta porqué nos necesitábamos los unos a los otros.

Es para mantenernos honestos.

Puedo ver cual es la sombra de la obstetricia, así como el buen doctor puede ver la sombra del movimiento de parto libre.

Enfermeras y parteras se suman a la imagen unas frente a otras en la rueda. Nadie puede darse vuelta y ver su propia sombra solo. Así es como nos ayudamos unos a otros.

Todos nosotros que estamos en partos somos hologramas en este círculo de vida. Cada uno de nosotros tiene la verdad completa sobre el nacimiento en su interior.

Cuando juntamos nuestras versiones de la verdad, se produce una resolución más fina y una mirada multi-dimensional hacia toda la existencia. En mi visión, estamos sentados en el círculo del nacimiento representando a nuestras distintas tribus.

No es mi círculo, no es tu círculo, es el círculo del nacimiento.

Cada tribu, cada perspectiva, es preciada por el nacimiento.

El oráculo vivo sacará la voz a través de todos nosotros juntos.

Recordando siempre que:
Lo que hacemos a uno, se lo hacemos a todos.

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Mitología de la Cesárea, por Jeannine Parvati Baker

Por: Jeannine Parvati Baker

©Traducción de Ibone Olza

*****

“Desde que empezó a interesarme el tema, el parto ha pasado de ser una expresión activa de las mujeres a ser un acto médico mediante el cual se extrae al bebé.  Cuando tuve mi primer hijo, la tasa de nacimientos por vía abdominal no superaba el 10%. A finales de los noventa, la tasa de cesáreas oscilaba entre el 20 y el 40%, dependiendo de si el hospital realiza docencia o no.  Si es un hospital docente, la tasa de cesáreas suele ser más alta.  ¿Qué es lo que estamos enseñando?  Mi reacción inicial al comprobar como se robaba el nacimiento a las familias para dárselo a los expertos fue la rabia, la indignación, y el enfado que me llevaron a querer hacer algo sobre la epidemia de cesáreas.  Mezclada con estos sentimientos estaba mi creencia de que todo en esta tierra sirve para el crecimiento de las almas, todo, incluido las cesáreas.  En mi deseo de cambiar la manera en que se hacían las cosas, estaba permitiendo que el problema siguiera igual.  A nadie, y menos a una cultura, le gusta que le cambien desde fuera. A mi no me gusta nada que alguien intente cambiarme, y a los médicos tampoco les gusta que yo pretenda cambiar la obstetricia.  De hecho, creo que la única persona a la que le gustan que le cambien es al bebé cuando tiene el pañal sucio.  No, antes de que yo pretenda cambiar a nadie, hay una pregunta que deberíamos hacernos.  La pregunta es ¿de qué puede servir el que haya una epidemia de cesáreas? La cesárea le sirve al alma del mundo de la siguiente forma. Las madres a las que se les hace una cesárea inician un viaje mítico.  Para explicar este mito, o la dimensión transpersonal de la cesárea, les voy a contar una vieja historia. De hecho es un relato de la Antigua Babilonia.  Cuando escuché esta leyenda, enseguida lo relacioné con la experiencia psicológica de las mujeres que han tenido una cesárea.  Escuchar el relato del descenso de Inanna a los Infiernos nos recuerda la dinámica emocional de las mujeres que han sufrido una cesárea.  Podemos entender desde una perspectiva más amplia cómo puede cambiar el mundo a través del viaje que realizan las mujeres en el parto, sea por el camino fácil o difícil, y ver el camino para la recuperación.  Lo más fascinante del mito es como nos permite ampliar nuestra comprensión y que esta perspectiva siga creciendo.  Bajo la luz del mito de Inanna, podemos transformar la epidemia de cesáreas de algo puramente misógino en otra oportunidad que tienen las mujeres de profundizar en su alma y convertirse en sanadoras.

A Inanna se le pide que abandone el mundo y descienda a los infiernos. Cada vez que atraviesa una puerta en su descenso debe hacer una ofrenda. En las primeras puertas se quita sus objetos externos: las joyas, la corona, el velo, la gargantilla.  Conforme desciende pierde su vestido, sus medias, su ropa interior, se quita todo.  Debe ir más allá aun para poder descender en la profundidad.  Se arranca entonces la piel, los músculos, las vísceras, hasta que sólo quedan sus huesos que son colgados en el rincón más remoto del infierno.  He aquí Inanna, la Reina del Cielo, reducida a un saco de huesos en lo más bajo del infierno.  Esta historia encierra un misterio central: sólo cuando la Reina de la Muerte da a luz en el infierno se permite que Inanna inicie su viaje de regreso.  Se pone sus vísceras, sus músculos, su piel.  Luego viste su nuevo cuerpo con sus prendas, su vestido, su gargantilla, su velo, su corona y sus joyas.  Cuando emerge del infierno lo hace con un cuerpo renovado espiritualmente y radiante por haber viajado a la profundidad.  Ahora es en verdad la Reina del Cielo, porque ha conocido y trascendido el infierno.  Cuando una madre es convencida o incluso obligada a someterse a una cesárea se convierte en una ofrenda de sacrificio igual que Inanna: debe descender por debajo del nivel egoico de consciencia al lugar donde el mundo terrenal deja paso al alma. Es una víctima en el sentido original de la palabra, sacrificandose a si misma por el bien de su hijo. Al menos esa es la historia que les cuentan a muchas madres que han tenido cesáreas, sea cierto o no (lo de que la cesárea salvó la vida de sus bebes). La madre ofrecerá su cuerpo, su mente y su alma al sacerdote/médico en el altar de la obstetricia si esto puede ayudar a su bebé.  La anestesia alterará su nivel de consciencia, su alma viajará por el subconsciente.  Será desnudada, su piel, sus músculos, sus vísceras serán manipuladas para que de a luz por cesárea.  Una vez que despierte podrá reclamar un nuevo cuerpo espiritual, una vez, claro está que haya integrado el namiciento y comprendido de que le sirvió a su alma el que su hijo naciera por cesárea.  Cuando las madres que se preguntan “¿de qué sirve la cesárea?” se quedan sin respuestas.  Tendremos la oportunidad real de curar la epidemia, si no estamos intentando cambiar el sistema desde fuera.  Mi impresión es que cuando las madres dejen de verse como víctimas y empiezan a verse como sanadoras, o chamanas, habrá menos cesáreas en la comunidad.

Si por el contrario siguen sientiéndose heridas, culpables, avergonzadas de su experiencia en el parto, serán menos efectivas para cambiar la manera en que nuestra cultura da a luz.  Cuando una madre que ha sido abierta empieza a sentir que su cesárea fue un viaje iniciático y se permite explorar los aspectos más profundos de la curación se libera una cantidad enorme de energía psíquica. Reprimir o negar el trauma requiere muchísima energía pero una vez que la experiencia se integra (es decir, se siente, se expresa y se libera) toda la energía que antes se utilizaba para defenderse se libera para la acción creativa.  Una madre que se sienta bendecida, incluso si ella nunca habría pedido de manera voluntaria la “bendición” de la cesárea ni volverá a pasar por ella, es más efectiva para educar a las demás, que una madre que se siente culpable y herida.  Cuando Inanna emerge, lo hace radiante por su viaje a la oscuridad.

Comparto este mito del descenso de Inanna porque es un arquetipo inusual de madre: la que se ha enfrentado a la Muerte en el Parto y ha salido indemne. Las madres que dan a luz de manera natural conocen ese sentimiento de pelear con la Muerte por el alma del bebé que tiene que nacer, las madres que sufren la cesárea conocen algo de la sombra del alma que una vez que se hace consciente servirá de partera y de guía para todas las mujeres en el parto.

Cuando una mujer da a luz conscientemente a menudo exclama: “Ahora sé que puedo hacer cualquier cosa”. En ese glorioso momento, la mujer defiende su derecho de pertenencia por el parto a la nueva especie de la evolución -el Homo Divinus- la de los humanos que son dueños de su propia experiencia. Cuando la mitad femenina de la humanidad recuerde esto, no me imagino como será el mundo. Si no se nos maltrata a las madres en nuestro momento más esencial de creatividad, y si incluso cuando la cesárea es necesaria la madre vive la cirugía como un viaje del alma, se alcanzará el equilibrio. Sin víctimas, sin opresores. Sin opresores, sin víctimas. En la historia de Inanna queda claro que ella eligió bajar a los infiernos, de la misma manera que las madres aceptan su destino en el parto: sin victimizar a la Diosa en este milenio.  Así es como yo veo a las madres: todas son diferentes rostros de la Diosa.  El rostro de Inanna me ha saludado cada vez con más frecuencia en numerosos nacimientos de la últimas generaciones.  Tiene un rostro firme, fuerte, y las huellas de su sufrimiento y su alegría se reflejan alrededor de su ojos y de su labios.  Habla apasionadamente.  Como la lava, su mensaje, que fluye más allá de sus palabras y el sonido de su voz es pura calidez.  Nunca cesa de percibir, ella capta las ideas de aquí y de allá para alimentar el futuro.  Gracias a su viaje conoce bien la oscuridad, está acostumbrada a los matices, a las sombras y la penumbra, a las claves para ver más allá.   El rostro de Inanna siempre me invita a profundizar, a ir más lejos.  Ella ilumina los pasadizos más dificiles, y nos enseña a atravesar cada uno de ellos de la mejor manera.  Frente a frente con Inanna, veo a las madres del mundo entero, prácticamente siempre pariendo de manera natural, porque las cesáreas ya no le servirán al mundo.  De esto nos sirve ir al infierno y regresar, para aclarar el camino a las próximas generaciones de manera que el nacimiento pueda iluminar los rostros antiguos y nuevos de la Diosa.

Dedicado a Janice, sanadora extraordinaria. 10 de Enero de 1997

Jeannine Parvati Baker

Translated by Dr. Ibone Olza

Nota de la Traductora:When I first read this article by Jeanine Parvati more than a year ago, I couldn´t take it. It hurt me so much to read it!. I couldn´t understand why I felt so much pain with these words, so I tried to stay away from it, I had printed it out and I hid those pages. I can now see I was only at the very beginning of my healing from my three cesareans.Now I went back to it and I reread it. It´s awesome. I read it and I understood it for the first time and I have been reading it over and over and I have thought of all of you, all the wise women, the ones who cry and suffer so much because of the enormous sacrifice we had to make. Í thank Jeannine for writing it. I am now working on translating it to spanish.Dr. Ibone Olza, Zaragoza, Spain

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Jeaninne Parvati Baker

Jeannine Parvati Baker (1949- 2005)

Es una mujer norteamericana, madre de 6 hijos, que acuño el término “partera no-entrenada” (lay midwife). Hija de madre judía y padre nativo americano, estudió psicología y astrología.  Fue creadora del Hygeia College, que alcanzó a tener más de 5.000 estudiantes en todo el mundo.  Era una escuela de las “misteriosas artes femeninas” y de la partería no entrenada, sus reuniones eran encuentros en medio de la naturaleza.  Escribió varios libros  y sus frases iluminadas son tan profundas como el mar.

Aquí van algunas:

“Toda madre es una partera”

… “Cuando una mujer da a luz conscientemente a menudo exclama: “Ahora sé que puedo hacer cualquier cosa”. En ese glorioso momento, la mujer defiende su derecho de pertenencia por el parto a la nueva especie de la evolución -el Homo Divinus- la de los humanos que son dueños de su propia experiencia. Cuando la mitad femenina de la humanidad recuerde esto, no me imagino como será el mundo.”

Jeanine murió joven y su legado es un tesoro por descubrir.

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Plan de Parto propuesto por Liliana Lammers

Liliana Lammers es una doula con gran experiencia que vive en Londrés. Ella y el Doctor Michel Odent hacen juntos el curso Paramanadoula (sesiones informativas para acompañantes de parto).  Hasta diciembre del 2011, el Paramanadoula, sólo se había ofrecido en Europa.  En esa oportunidad, se dió en Buenos Aires.  Este último mes de mayo (2013), tuvimos la suerte de que se volviera a dar en Buenos Aires.  En esta segunda oportunidad, Liliana nos regaló un modelo de Plan de Parto. Es muy sintético y claro.  Se los comparto!

Plan de parto

- Deseo que no haya estudiantes.

- No me hagan preguntas de rutina ni me hagan pensar, hagan todas las preguntas a mi marido o a mi doula.

- No me ofrezcan calmantes, yo los pediré si lo necesito.

- Si hacen un tacto vaginal, no me informen los cm. de dilatación y tampoco la posición en que está mi bebé.

- Cuando usted necesite escuchar el corazón del bebé, hágalo sin preguntarme y sin informarme.

- Quisiera, si todo va bien, una tercera parte del parto fisiológico.

- Quisiera, luego del nacimiento, una hora en silencio con mi bebé en donde ni la matrona, ni la doula, ni el padre conversen.

Liliana Lammers (Paramanadoula, Buenos Aires 2013)

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Liliana Lammers

…”La Doula vale por lo que es, no por lo que sabe”

…”No es conocimiento lo que necesitas, es experiencia”

…”No hay que olvidar que cada parto es único y cada situación es única”

… “Cometer errores es muy útil, porque de ellos se aprende”

Liliana Lammers, en el Paramanadoula de Buenos Aires, mayo 2013

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