El Auténtico Climax, Michel Odent

EL AUTÉNTICO CLIMAX

En el preciso momento en que el bebé nace, la cima de la escalera no está lejos.  De todas formas, se llega a ella un poco más tarde, cuando la madre, aún en otro planeta, empieza a descubrir a su recién nacido.  Ésta es otra razón que explica porque los estados orgásmicos/extáticos asociados al nacimiento han sido ignorados en todos los entornos culturales hasta hace muy poco.  Es fácil interrumpir bruscamente un estado orgásmico.  En cuando nace el bebé, siempre hay una necesidad irracional de actividad, ya sea necesidad de hablar o hacer algo.  Esta necesidad de actividad ha sido ritualizada en muchas sociedades, y es un hecho común a casi todas ellas negar la necesidad de “privacy” de la madre.  Muchas mujeres han confirmado la importancia de lo que sucede durante los primeros minutos.  El contexto científico actual nos permite interpretarlo.

Otra razón que impide la comprensión del clímax durante el parto  es la arraigada creencia de que es esencial, tanto para la madre como para el bebé la presencia de un ayudante especializado en el parto.  En nuestra sociedad, un parto sin asistencia especializada puede suceder ocasionalmente, de forma accidental.  La mayoría de los partos rápidos ocurren sin tal asistencia.  Quizás la comadrona no ha podido llegar a tiempo o quizás la mujer, al hospital. Puesto que tales partos son fáciles, podríamos ver en ellos la oportunidad para muchas mujeres de alcanzar un clímax real.  En muchos casos no es así, puesto que existe un condicionamiento cultural que nos hace creer que la mujer es incapaz de dar a luz por si misma.  Por ejemplo, si el marido o la pareja está presente, se encuentra normalmente en estado de pánico, pensando constantemente qué tiene que hacer, quién “traerá al bebé al mundo” o quién cortará el cordón.

Disponemos de gran cantidad de datos acumulados que confirman la profunda conmoción hormonal  que se produce durante los minutos anteriores y posteriores al parto. El equipo de Kerstin Uvnäs-Moberg ha demostrado que justo  después de dar a luz la madre puede llegar a un pico de oxitocina todavía más alto que el alcanzado durante el parto mismo.  Así pues, podemos concluir razonablemente que el pico máximo de hormona del amorque una mujer libera a lo largo de toda su vida se produce inmediatamente después del nacimiento del bebé.  Este pìco de oxitocina es vital, puesto que es necesario para corecto alumbramiento de la placenta con pérdida de sangre mínima, y también porque la oxitocina es la principal hormona del amor. Sin ninguna duda, viene asociado, además, a altos niveles de morfina y prolactina natural.  Si añadimos además que, según Regina Lederman, el nivel de “adrenalina” puede volver a la normalidad tan sólo tres minutos después del parto, podemos comprender que la madre humana vive una experiencia similar al orgasmo.

Si bien por razones evidentes la mayoría de los médicos apenas puede comprender qué es un reflejo de eyección del feto, es habitual que hayan oído hablar del reflejo de Ferguson, descrito por primera vez en el año 1941.  Ferguson descubrió , trabajando con conejos anestesiados, que la dilatación vaginal provocaba contracciones uterinas. El reflejo de Ferguson es distinto del reflejo de eyección del feto porque no tiene en cuenta la vital importancia de los factores ambientales en el proceso del nacimiento. Únicamente se fija en los efectos de la estimulación vaginal local en mamíferos no humanos.

Combinando datos científicos recientes y anécdotas sobre nacimientos en condiciones de privacidad y seguridad excepcionales, llegamos a la conclusión de que el mamífero humano ha sido programado para dar a luz en un estado orgásmico/extático, teniendo siempre en cuenta que la liberación de oxitocina –la “hormona tímida”- depende en gran medida de factores ambientales externos.  El término “hormona tímida” es un ejemplo significativo de la terminología creada por la doula londinense Liliana Lammers.  En el caso concreto de los los minutos que siguen al nacimiento, la “hormona tímida” puede aparecer a condición de que el entorno sea suficientemente cálido y a condición de que la madre no se distraiga a la madre en el momento de descubrir a su recién nacido mediante el contacto piel con piel, el cruce de miradas y también el sentido del olfato.

Nos permitimos aventurar que, en la práctica, el auténtico arte de la comadrona es, en realidad, el arte de crear las condiciones óptimas para que se produzca el reflejo de eyección del feto.

**Extracto del libro  “Las Funciones de los Orgasmos”, Michel Odent

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